2. ANNA SOFIA

No sé si conocéis mi primera novela. Si no, no perdéis nada. Ana Sofía fue mi primera narración.
No me gusta hablar mucho de ella, porque es el peor texto que ha visto la luz del día. Lo escribí a los dieciocho años, empezaba jugar con la forma y ciertamente, no sospechaba que mi necesidad de documentar se convertiría en mi destino y sentido de la vida. Y aunque esta historia no muestra más que soledad, desgracia y muerte, es muy sentimental.

Ana Sofía es el monólogo de una actriz de pueblo. Cuenta la historia de su infeliz vida. Pierde a su marido a la edad de treinta años, se enamora de nuevo, sin reciprocidad, esta vez con una mujer. Esta caricatura de amor da esperanza al personaje principal. Desafortunadamente, el amor de su vida ha sido envenenado. Infeliz Ana atormentada por la falta de perspectivas en su vida profesional y privada, decide suicidarse. Después de cuatro intentos fallidos de suicidio, sufre un ataque al corazón y muere en la sala de cine, en el estreno de su primera película.

Como ya he mencionado, el personaje principal de la primera novela no es un personaje ficticio. Ana Sofía era una amiga de la familia. No recuerdo exactamente cuándo la conocí, siempre se quedaba con nosotros, antes de los ensayos, después de las actuaciones, prácticamente vivía en un sofá del salón, sobre todo después de la muerte de Bernardo - su marido. La primera vez que la vi fue cuando cantaba dúo de flores con mi mamá. Tenía una voz aterciopelada, labios llenos y una tormenta de rizos rojos que llegaban hasta la cintura. Casi siempre llevaba la bufanda verde de mi madre. Ella podía escuchar. El día que murió mi madre, la vi llorar por primera vez. Esa noche dormí con ella en la sala de estar. Durante los próximos cuatro meses también. Ni siquiera me di cuenta cuando lo ocurrió. Era tan natural. Cuando me despertaba, me despertaba en sus brazos y ella me besaba en la boca. Solía fumar en la chimenea cuando ella tenía frío, solía ir a los ensayos con ella. Vi una mujer en ella y me mostró lo que significa ser un hombre.
Recuerdo cuando nuestro padre nos atrapó. No habló de mí esa noche. Pero cuando fui a buscar leña para la chimenea, oí que le dijo que se fuera. Lo recuerdo exactamente porque ella gritó que yo era "su último recuerdo de ella".

Fue entonces cuando me di cuenta de que no tenía nada que buscar. Al día siguiente me dirigía a Madrid.

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